EDICIÓN 2464, DE CORRIDITO. . . REFLEXIONANDO UN POCO…
EDICIÓN 2464, DE CORRIDITO. . . REFLEXIONANDO UN POCO…

Gentiles lectores de este gran Semanario, con el gusto de siempre, me dirijo a ustedes, una vez más, esperando hayan pasado una agradable noche, con motivo de la celebración de nuestra Independencia.
Un servidor, desde hace alrededor de 50 años, ha manejado diferentes tipos de vehículos automotores, en ciudad y carretera, exceptuando los pesados, como son torton, tractocamiones, autotanques y autobuses, con los cuales hay una gran diferencia, dado los pesos y dimensiones que tienen, jamás se va a comparar el riesgo de llevar una bomba de tiempo en la espalda, trayendo tras de sí un doble remolque de 40 mil litros de gasolina cada uno o 40 pasajeros que al momento de haberle mostrado su boleto al conductor, antes de abordar el autobús, le confiaron su vida.
Lo anterior lo digo porque a últimas fechas, al circular por una autopista a 120 K/hora, para muchos jóvenes, eso es ir a vuelta de rueda, quizás diciendo que a esa velocidad se le van a subir a uno las hormigas y ahí los ve rebasándonos, a una velocidad aproximada de 180 o más K/hora, perdiéndose a la distancia, como si les urgiera llegar al baño, como si fueran a reclamar una herencia, solo que se olvidan que las velocidades que hoy desarrollan los vehículos -en gran medida- se debe al poco peso de los materiales con que están hechos y que al menor impacto con algún objeto en movimiento o peor aún, estando fijo, se deshacen, convirtiéndose en añicos, con la gente que llevan dentro.
He visto en las carreteras, que operadores de la “vieja escuela” de vehículos pesados ya no hay, se acabaron, antes un “trailero” era un verdadero “trailero”, hoy esos vehículos los llevan puros chamacos sin experiencia en su mayoría y “tiro por viaje” se les ve “acostados” en las carreteras o “torcidos” en las “cachimbas”.
Muchos no estarán de acuerdo con esto, pero los conductores con más años en carretera, suelen repetir una frase que genera polémica: “No todos deberían manejar en carretera”, suena dura e incluso injusta, pero escuchen una cosa: No se trata de inteligencia, de valor, ni de capacidad, se trata de algo más importante: Responsabilidad.
Esto es así, porque pongamos de ejemplo a 2 operadores que reciben la misma unidad, para recorrer la misma ruta, las mismas condiciones y aún así, obtienen resultados totalmente distintos, ¿por qué? Porque manejar no consiste en solo mover el vehículo, consiste en tomar decisiones constantemente, decisiones sobre tiempo, distancia, atención, paciencia, tolerancia, autocontrol, siendo ahí donde aparecen las diferencias, muchos conductores veteranos saben que la habilidad más importante no es darle vueltas al volante, sino controlar el ego, porque este es el que dice “yo soy más picudo que tú”, “yo rebaso mejor que tú”, aunque se incorporen a su carril en la cresta de la pendiente –si se trata de esas autopistas en las que hay que “abrirse” para permitir el rebase-, esas frases son las que más preocupan a quienes llevamos décadas recorriendo caminos. A lo largo del tiempo, hemos visto muchas historias, ¿o no mi gran amigo Benjamín Rincón? Desde luego que no vamos a comparar tu experiencia con la mía, tú ya tienes casi 40 años manejando A.D.O. ¿Qué te puedo yo contar?
Por tal razón, los conductores más experimentados valoran mucho la humildad, la capacidad de aprender, la capacidad de escuchar, la de aceptar límites, pero -sobre todo- algo muy importante: Saben que la carretera no premia el orgullo, premia la disciplina, la observación, la preparación y castiga la arrogancia con vertiginosa rapidez.
Muchos autobuseros seguramente han de decir que los mejores operadores que conocieron no eran los más presumidos, los más “picudos”, ni los que aseguraban saberlo todo, eran los más tranquilos, los más disciplinados, los más constantes, porque comprendían que cada viaje exige respeto, sin importar cuántos años lleven manejando. La experiencia no lo hace a uno invencible, solo le recuerda que siempre se debe seguir siendo prudente, esa es una de las mejores lecciones de vida, porque cuando alguien deja de aprender, comienza a estancarse y cuando deja de respetar la carretera, comienza a exponerse. ¿Creen o no que la actitud es más importante que la habilidad al volante?
La experiencia cambia muchas cosas dentro de uno, cuando se llevan muchos años manejando en carretera, se entiende una simple verdad: La velocidad impresiona, la experiencia regresa a casa, ante cualquier provocación, lo mejor es seguir conduciendo tranquilo, saludar, sin burlas ni reproches, nunca hay que confundir confianza con experiencia, la carretera es como el mar, igual de traicioneros, mejor hay que tenerles respeto y humildad, los años no lo vuelven a uno mejor por conducir rápido, sino por saber cuándo avanzar tranquilo, por eso cuando alguien nos diga que manejamos lento, lo mejor es responder “manejo lo suficiente sereno para volver a casa una vez más” .
La verdadera paradoja está en el hecho de que mientras más vivamos, tendremos más kilómetros recorridos, pero sucede que esos kilómetros no vienen en “google maps”, vienen escritos en la vida, la actual inteligencia artificial nos dice cómo resolver problemas, pero la experiencia, nos aconseja cómo evitarlos.
Muchas gracias por el favor de su tiempo, hasta la próxima.






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