EDICIÓN 2457 DE CORRIDITO. . . LA SANGRE ES LA SANGRE...
- 30 jul
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EDICIÓN 2457 DE CORRIDITO. . . LA SANGRE ES LA SANGRE...

¡Qué tal apreciables lectores!, ¿cómo están? Espero que bien, sinceramente son mis mejores deseos, como siempre.
No cabe duda que a pesar de los años que pasen sobre uno, jamás se deja de aprender, sobre todo de las materias que imparte la universidad de la vida.
A lo largo de la vida profesional -y no me refiero al aspecto académico- me ha tocado ver infinidad de asuntos que tienen que ver con el comportamiento humano, la forma en que las personas ven la vida, su modo de actuar, el sentir y de ver las cosas, en fin, un mundo de cuestiones que me hacen entender el porqué existe la carrera de psicología, una de sus ramas, la criminología, entre otras más que tienen que ver con la mente humana y el comportamiento de la persona.
Tengo un primo que tiene a 2 hijos, ya mayores de edad, su esposa, desde que la conocemos, su hermano, su papá y yo, siempre ha sido tendenciosa, pero él nunca lo ha querido aceptar. En 2022 volvieron a tener a una niña, nosotros intuimos que era con el fin de que ella lograra un objetivo a la postre, ¿cuál era el propósito? Pues resulta que el año pasado le demandó el divorcio a mi primo, de esos que si no hay algún tipo de arreglo se pueden prolongar durante años, a la fecha la niña tiene 5 años, su plan fue tener a la niña y más tarde demandarle el divorcio “aderezado” con una pensión alimenticia para la menor, tomando en cuenta los ingresos que percibe como marino de la flota de Pemex, esto además de los bienes materiales que fueron adquiridos directamente por él, lamentablemente dentro de la sociedad conyugal que conformó al matrimonio.
Un compañero de su trabajo, su hermano y un servidor, hicimos hasta lo imposible para que reaccionara y se diera cuenta de la realidad que estaba viviendo, ya que inclusive tenía la firme decisión de no contestar la demanda y aceptar tácitamente todo lo que ella le estaba exigiendo, ya que “yo no le guardo rencor”, a pesar de decirle que ya tiene a un “socio” ganón.
Como dijo un sabio, el error más grande en una relación es dar el corazón a una persona, que necesita un cerebro.
Al final de cuentas, todo terminó en una sentencia de divorcio y un convenio leonino a favor de ella, con pleno consentimiento de mi primo.
A pesar de vivir en Salina Cruz, Oaxaca, no lo perdemos de vista mi primo y yo, pero tiene comportamientos que rayan en nuestra desesperación y preocupación a la vez, de tal suerte que hemos decidido que sea yo quien personalmente vaya a “zarandearlo” por última vez y si no, de perdida que acepte ayuda profesional, ya que la psiquis humana es un misterio y solo alguien con conocimiento del tema posiblemente lo haga reaccionar por cuanto a que debe vivir la realidad de la vida y no en un sueño que ni siquiera existe.
Esta iniciativa parte de mi primo, hermano de nuestro personaje, porque al final de cuentas, la sangre es sangre, a pesar de haberse molestado entre sí por todo lo que se le decía, no deja de ser su hermano y le duele.
Esto porque mantenemos la convicción de que cuando se vea mal a un hermano, hay que ayudarlo, porque un hermano es un pedazo de su historia, de su infancia, de sus primeros recuerdos, hay que ayudarle cuando se vea mal o caído, no importando si discutieron o si hubo distanciamientos o si el orgullo se metió en medio, porque un lazo no se rompe con un enojo ni con un mal momento, no hay que juzgarlo, ni mirarlo con frialdad, ni recordarle lo que hizo mal, el mundo gira y no se sabe si al rato sea el otro quien necesite una mano o simplemente un abrazo o una palabra de apoyo, los hermanos no solo comparten sangre, sino risas y tristezas, secretos que nunca se contaron fuera de casa, en una palabra, una infancia que solo ellos conocen.
Seguiremos buscando la manera de que vea la realidad de las cosas y salga del letargo en que se encuentra, para que le dé vuelta a esa página del libro de su vida y pase al siguiente episodio de su existencia.
Esta triste historia, relacionada con la hermandad, me hizo recordar una película que vi hace muchos años y que se titula “Hermanos de Sangre”, donde se narra la experiencia de un niño neoyorkino llamado Kevin, que cursaba estudios acordes a su edad, pero que se vieron interrumpidos cuando su padrastro tuvo que hacer un viaje de negocios a Kenya, un lejano país africano en el que habitaban tribus de hombres negros, más o menos resistentes a incorporarse a la vida occidental, más bien, era un pueblo belicoso, de costumbres seminómadas, casi impenetrables a las de occidente.
El padrastro de Kevin no era malo, por el contrario, buscaba que conociera al mundo, que experimentara la vida de aquel país, que era totalmente distinto al que estaba acostumbrado; un día, saliendo de Nairobi, la capital, llegaron a una pequeña aldea habitada por una tribu cuyo régimen de vida era patriarcal, se dedicaban a la caza, a la ganadería y al cultivo de algunos granos.
Kevin y su padrastro fueron bien recibidos, distinguiéndolos como huéspedes por el jefe de la tribu y como éste tenía un hijo más o menos de la misma edad, se decidió como prueba de la benevolencia que fueran consagrados como hermanos de sangre, realizándose para ello una ceremonia ritual, pintarrajeándole la cara blanca de Kevin con sangre de vaca, vestido con una túnica semejante a la que usan los negros, además de proveerlo de un bastón. El jefe de la tribu consagró a Kevin y al niño nativo y a partir de entonces esos niños hicieron la vida como si fueran verdaderos hermanos, compartían sus juegos infantiles, entendiéndose a pesar de hablar idiomas distintos.
Kevin era un niño citadino y aplicado, todos los días escribía su diario y gracias a él se conserva un valioso testimonio de su apasionante experiencia que sirvió de base para hacer la película que les platico.
Kevin y su hermano vivían al acecho de peligrosos vecinos que con toda libertad rondaban cerca de ellos, animales salvajes de todas las especies a las que el pequeño estadounidense no estaba acostumbrado y que en cambio para su hermano era algo normal, sabía distinguir si estaban tranquilos o inquietos y hasta sabía por qué estaban enojados, sabía dónde bebían agua, la forma de acercarse a ellos y la manera más fácil de cazarlos.
Claro que los elefantes y rinocerontes tenían mención aparte, para esos se necesitaban estrategias realizadas por hombres ya expertos de la tribu, dada su peligrosidad y capacidad destructiva, cuando se enojan.
Un día Kevin y el niño de la tribu -no recuerdo como se llamaba- estaban escondidos en unos matorrales, viendo como unos elefantes se comían los tallos tiernos de la vegetación, sin darse cuenta que eran observados, cuando de pronto uno de ellos se separó y olfateó a los niños, se dirigió hacia donde estaban, el niño de la tribu percibió que iba enojado hacia ellos y que su intención era aplastarlos, no dejaron de correr hasta llegar a su pueblo.
Kevin, en su diario, dice que los elefantes asiáticos son más pequeños que los africanos y que estos comen más de 130 kilos de hierba al día y van “al lavabo” cada 20 minutos.
En otra ocasión, los 2 hermanos “de sangre” tuvieron como protagonistas a unos búfalos de retorcidos cuernos, a los que quisieron espantar guarnecidos en unos matorrales, los búfalos no les mostraban mucho interés y no precisamente porque no pudieran embestirlos, sino porque habían olfateado la presencia de un rinoceronte que dormía, a quien de modo alguno pretendían advertir de su presencia, los niños sin querer hicieron más ruido del que debieron haber hecho, cosa que les preocupó porque los rinocerontes, a pesar de tener una vista mediocre, tienen gran olfato y oído, solo el elefante los aventaja en olfato, es capaz de arremeter a más de 40 Km/hora contra sus enemigos y herirlos de muerte con su cuerno, rematándolos con su peso de varias toneladas.
Kevin, al descubrir un nuevo mundo, otra forma de vida, conoció en vivo y en directo a las ágiles cebras, inofensivas y víctimas de los fieros carniceros, como son los leones y los leopardos, ante los cuales su única defensa es correr, aprovechando su extraordinaria velocidad, ya que los felinos no les aguantan el paso.
Así pasa el tiempo y Kevin fue adiestrado en el lanzamiento de la lanza, ensangrentándola para la caza del león, aprendiendo muchas cosas para él desconocidas, hasta que llegó el día en que tuvo que regresar con su padrastro a la ciudad de los rascacielos, llegando así al final la aventura de Kevin, con el pesar de haber dejado aquellas tierras llenas de sorpresas y misterios, pero sobre todo, a su “hermano de sangre”, con quien había llegado a compenetrarse en aquellos días de vida en común.
En el caso concreto, la distancia no es obstáculo para dejar en el olvido la vivencia de cuando fueron niños, el enojo entre sí no es causa de insensibilidad, ni para dejar de sufrir cuando ve que el otro sufre, por el contrario se sufre y se alegra por lo que le sucede al otro.
Bueno apreciables lectores, creo que por el momento es todo, muchas gracias por el favor de su tiempo.





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