EDICIÓN 2451, DE CORRIDITO. . . ¿QUÉ TAN MALO ES MENTIR?
- 17 jun
- 5 min de lectura
EDICIÓN 2451, DE CORRIDITO. . . ¿QUÉ TAN MALO ES MENTIR?

Gentiles lectores, buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora en que estén leyendo estas líneas; muchas gracias por la dispensa de su tiempo.
En día pasado estaba leyendo un artículo relacionado con la forma en que el ser humano reacciona a los estímulos externos; por naturaleza, nace sin maldad, es más, es el ser más indefenso cuando aparece en escena ante este mundo.
La historia tiene que ver con un niño de escasos 7 años de edad; resulta que un día cuando regresó de la escuela, llevaba consigo un sobre cerrado, que su maestra le había encomendado entregar directamente a su mamá, cuando ella lo abrió y empezó a recorrer las líneas que contenía ese papel, se le llenaron los ojos de lágrimas.
El niño, preocupado le preguntó: ¿Qué dice ese papel, mamá? ¿Hice algo malo? La mamá respiró profundo, tragó saliva y con una sonrisa valiente, le leyó en voz alta: “Señora Edison, su hijo es un genio, esta escuela es demasiado pequeña para él y no tenemos maestros suficientemente capaces para enseñarle, por favor, edúquelo usted misma en su casa”.
A partir de ese entonces, la mamá se convirtió en su maestra, fue su luz, cuando el mundo intentó apagarlo, aquel niño creció, creyendo que era capaz de todo, porque su mamá así se lo había dicho.
Ese niño era THOMAS ALVA EDISON, muchos años después, cuando ya había sido el inventor que había iluminado al mundo entero y su madre había fallecido, encontró en un viejo diván un papel doblado, polvoso y amarillento por el paso del tiempo, lo desdobló y al leer su contenido, la verdad lo golpeó hasta el alma, esa carta decía:
“Señora Edison, su hijo está mentalmente enfermo, no podemos permitir que regrese a la escuela, a partir de mañana queda oficialmente expulsado”.
La verdad lo golpeó en lo más profundo de su ser, lloró durante horas, al comprender que su éxito no se debía a su mente, sino al amor inquebrantable de una madre que decidió mentir para salvar su destino.
Thomas Alva Edison fue un niño con deficiencias, pero gracias a una madre heroica, se convirtió en el genio de aquel siglo.
Se hace la atenta observación que fue Nicolás Tesla, cuando un día le habló a Edison del sistema de generación y transmisión de energía a través de la corriente alterna, pues la electricidad para ese entonces ya existía, de esta, no se tiene información de quien la descubrió, aunque se sabe que esto sucedió 600 años A. C., por los griegos, Edison lo que hizo fue inventar la bombilla incandescente, -generar luz por la acción del calor- por eso se dice que “alumbró al mundo”, aunque también hay versiones que aseguran que en realidad el genio del siglo fue Nicolás Tesla, pero eso ya es otro boleto, que no viene al caso citar por el momento, para no desviarnos de la ruta que estamos siguiendo en este texto.
El mensaje que aquí se transmite, es que nunca hay que subestimar el poder de una madre, que cree en su hijo, cuando absolutamente nadie lo hace.
Existe también la historia real de un niño sirio, que sonriente luchaba contra el cáncer, aunque en realidad ya le quedaba poco tiempo de vida.
Su madre, de frente al dolor más grande que pudo estar viviendo, decidió regalarle paz, diciéndole que había vencido a la enfermedad y que se había convertido en un verdadero campeón, a las pocas horas partió con la sonrisa de un guerrero, que creyó haber ganado la batalla, la imagen de su rostro, con una mariposa posada y la alegría en sus últimos días, se volvió símbolo de amor infinito. ¿Qué será mejor? ¿Una verdad que duela o una mentira que regale esperanza? Sinceramente, yo prefiero matar con la verdad y no herir con la mentira, aunque peque de claridoso.
Esta historia quizás propicie una reflexión que nos recuerde que inclusive en la despedida, una madre puede transformar el miedo en victoria.
Conozco una historia real que se identifica en gran medida con lo antes narrado, se trata de una madre que conozco, que lo da todo por su hijo y aunque a veces sea ingrato con ella, no deja de quererlo ni de meter las manos al fuego por él, ese hijo -por su parte- a veces lo detiene el remordimiento y llega a reconocer su error, por medio de una disculpa pero, aquí lo hecho, hecho está y aunque jamás va a dejar de quererlo, en el fondo sabe muy bien que debe tener sus reservas, en verdad, cuánto me hubiera gustado tener una madre así, que me motivara a salir adelante y que yo viera que lo daba todo por mí, no estar siendo objeto de crítica y reproches desde que fui niño y que ya de grande sintiera el compromiso de querer a su hijo, pero no tanto porque le saliera del alma, sino porque así lo dictaba la norma social.
Existen miles de publicaciones hablando de la bondad de las madres, aunque en realidad hay quienes no quieren a sus hijos, es la verdad, inclusive llegan a hacer diferencias entre hermanos, a tener a su o sus preferidos.
La falta de afecto materno, muchas veces proviene de un tabú combinado con factores de tipo psicológico social o personal, quizás traumas no resueltos durante la infancia de la madre, depresión posparto o una maternidad que va cargada de resentimiento. Muchas madres inconscientemente replican patrones de crianza que sufrieron por parte de sus propios padres, crecieron en un entorno de negligencia o autoritarismo, por lo cual carecen de herramientas emocionales para dar amor. Existen perfiles como el trastorno narcisista de la personalidad, que llevan a las madres a priorizar sus propias necesidades, por encima de las de sus hijos, utilizándolos para manipular o como una herramienta para lograr sus deseos propios.
En efecto, el rechazo del que les hablo, no siempre es evidente, se manifiesta de diferentes maneras, como son: críticas constantes, humillaciones y agresiones verbales e inclusive físicas, falta de atención, hacer menos sus logros e indiferente su presencia, hacer uso del chantaje emocional y condiciones para “dar” afecto.
Es cierto, hay malos hijos, malos padres y también madres que no aman, esta última realidad es quizá la que más suele llamar la atención, ¿Qué explica esa frialdad emocional? Hay hijos que no quieren a sus padres, padres que tratan con desprecio a sus hijos y madres que tampoco los quieren, es como un atentado a esa ley natural que nos hace creer que no hay amor más puro y desinteresado como el de los progenitores, como el de esas personas que una vez nos dieron la vida y sin embargo, es una cruda realidad.
La pregunta del tema: ¿Por qué hay madres que no quieren a sus hijos? ¿Presentan tal vez una falta de instinto maternal? Entonces, ¿por qué cuando nace otro hijo se nota el cariño y preferencia por él, a pesar de ser la misma madre? ¿Qué explica esa frialdad emocional? Yo siento que aquí al padre lo pone en una encrucijada casi imposible de explicar si los 2 son sus hijos, su misma sangre.
Lo cierto es que muchas personas -hoy en día- navegan por los mares de la vida con el vacío de esa herida, aunque ya no exista su madre, en sus mentes se acumulan los porqués ¿Qué hice mal para que no me quisiera? En sus mentes y corazones arrastran indefinidamente, desde sentimientos de culpa, hasta cierto rechazo hacia la figura materna. La verdad es que la ciencia, hasta la fecha, no ha encontrado pruebas fehacientes sobre esto último, sin embargo, siento aquí que más que cuestiones de ciencia, es cosa de imaginarse cómo se siente un hijo que se da cuenta que su madre no lo ama, que su propia madre no lo quiere, que no le da cariño, sino críticas, que quien debe amarle más que nadie en este mundo, no lo ama y que aunque medio mundo le diga lo contrario, sólo él sabe lo que ve y lo que siente.
Apreciables lectores, muchas gracias por la dispensa de su tiempo y nos leemos la próxima…





Comentarios