top of page

EDICIÓN 2446, DE CORRIDITO. . . Y VUELVO A INSISTIR...

  • 13 may
  • 6 min de lectura

EDICIÓN 2446, DE CORRIDITO. . . Y VUELVO A INSISTIR... 

Gentiles lectores, espero la estén pasando bien con estos calorcitos, haciéndoles extensivo mi reconocimiento a quienes trabajan en las tortillerías, a quienes hacen el pan, las pizzas y en general, a quienes laboran en temperaturas extremas, eso es estando en sombra, ahora imagínense a aquellos trabajadores que realizan sus actividades en el rayo del sol, los que hacen reparaciones en las carreteras, por ejemplo, a todos ellos mi reconocimiento y me quito el sombrero, porque la verdad, yo no aguantaría. 

Hace ya algún tiempo, les comentaba lo referente al fenómeno de la gentrificación en toda la república mexicana, pero sobre todo, en la Ciudad de México, fenómeno que no se ha dejado de incrementar, dando origen a una transformación urbana, donde la llegada de gente de fuerte poder adquisitivo y nómadas digitales, elevan los costos de la vida, provocando el desplazamiento de los habitantes que siempre han residido en esos lugares, propiciando que, quienes no tienen propiedad raíz, se vean en la necesidad de desplazarse a la periferia de la ciudad, sobre todo a rentar viviendas menos cara, claro sin las facilidades que proporciona una gran ciudad.

Qué bueno que el gobierno de la república ya va a tomar cartas en el asunto, va a meter en cintura a más de millón y medio de “gringos”, poniéndole fin a su paraíso fiscal, terminando con su parasitismo en nuestro país, porque en verdad, no estoy exagerando, son unas verdaderas lacras, vienen a ganar en dólares y a gastar en pesos y a vivir como reyes, sin aportar un solo peso al Estado que los aloja.

La era del turista permanente, del nómada digital que no se ve, del expatriado que consume infraestructura sin contribuir en lo absoluto, se ha colapsado bajo el peso de una arquitectura legal, que ya no tolera la asimetría.

Lo que se va a experimentar, no es una medida reactiva ni populista, es la ejecución metódica de un plan de soberanía fiscal que se ha estado gestando ya, desde hace algunos meses, en la Secretaría de Hacienda y el Servicio de Administración Tributaria, la Presidenta CLAUDIA SHEINBAUM tomó una decisión que ninguno de sus antecesores se había atrevido a concretar con este nivel de precisión quirúrgica.

No se trata de desmenuzar la geometría legal, económica y geopolítica de esta operación, sino de revelar por qué este no es un simple asunto de ajuste de tasas impositivas, sino de una reconfiguración del equilibrio de poder entre un país soberano y una población flotante, que durante décadas operó en una zona gris de privilegios unilaterales.

Durante más de 20 años, México ha funcionado como el refugio fiscal preferido de una clase profesionista estadounidense, que descubrió una ecuación irresistible: Ganar en dólares, gastar en pesos y además sin tributar en ninguna parte,  ¡qué padre!, ¿no? 

Un trabajador a distancia, con un salario de 7 mil pesos, podía rentar un departamento, por ejemplo, en la colonia Roma de la Ciudad de México, consumir servicios de salud, usar carreteras federales y tener acceso al agua potable sin jamás aparecer en los registros del fisco mexicano, era una acción deliberada de no querer mirar, pero con el pasar del tiempo, las cosas comenzaron a verse insostenibles, se nos vinieron encima más de medio millón de residentes permanentes de nacionalidad estadounidense, principalmente porque también hay polacos, franceses, alemanes, chinos , rusos, etc.

De acuerdo a datos del Departamento de Estado norteamericano y de esa masa demográfica, el SAT reporta que solo el 0.3% declara impuestos en territorio nacional, dicho en otras palabras, 999 de cada mil residentes estadounidenses operan como fantasmas fiscales, consumen, no contribuyen, utilizan y no pagan.

Esta no es una anécdota de indignación moral, es un colapso matemático de la reciprocidad, el punto de quiebre llegó con la aceleración de la gentrificación en zonas urbanas estratégicas, siendo una de ellas, la Alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, el epicentro del fenómeno, ahí se registran casi 10 mil unidades de “airbnb” operando de manera permanente.

Pero, ¿qué son los “airbnb”? En su mayoría los conforman, con lo que respecta a México, propietarios de departamentos o casas, a quienes les conviene rentar el inmueble con mobiliario básico por día, semana o mes y cobrar en dólares, aunque esto esté prohibido por la ley, la cosa es obtener dinero, aun a costa del desplazamiento de su propia gente, lo hacen mediante una plataforma digital global que conecta a personas que buscan vivienda, desde un cuarto hasta lujosas casas, para estancias de fin de semana, de vacaciones o por temporadas de trabajo, es una intermediaria y opera en muchos países del mundo. 

El resultado, además de predecible, es brutal, los alquileres de un departamento promedio de 70 m2 están en unos 20 mil pesos mensuales, precio prohibitivo para un trabajador mexicano que gane en promedio entre 6 y 12 mil pesos mensuales, colonias enteras se transformaron en enclaves dolarizados, donde el idioma predominante dejó de ser el español y los comercios locales fueron reemplazados por cafeterías orgánicas, con menús en inglés, tiendas de mascotas “fifís”, boutiques de diseño, peluquerías que se anuncian como “barber shop”, locales donde venden hamburguesas, con el nombre de “metropolitan burger”, restaurantes gourmet, pulquerías que antes fueron de aspecto sucio, ahora son íconos de las colonias, al lucir arregladas e iluminadas, para atraer a los clientes, principalmente extranjeros, que aunque les cobren en pesos, lo hacen en equivalente al dólar, un mexicano común, ya no como quiera se puede ir a “echar un tornillo de apio”.

Tal vez lo que he dicho se interprete como un acto de xenofobia, pero no, no es eso, porque al fin y al cabo todos somos humanos, lo que pretendo expresar es que se trata de un desplazamiento económico sistémico, y cuando el desplazamiento se vuelve sistémico, el gobierno tiene la obligación de intervenir, no para cerrar puertas, sino para imponer las reglas del juego, la respuesta de nuestra Presidenta es una demostración de inteligencia e ingeniería fiscal.

Primero, la duplicación de las tarifas de visa de residencia temporal y permanente, a partir de este año 2026: Esta medida no es decorativa, es una señal económica clara : “Si quieres vivir en México, el costo de entrada se ajusta a la presión que ejerces sobre los recursos nacionales. Segundo: el endurecimiento de los requisitos de solvencia económica, por su parte, los consulados mexicanos ahora exigen comprobantes de ingresos mensuales, con un mínimo de alrededor de 5 mil pesos, no se trata de una barrera discriminatoria, sino de un filtro de capacidad contributiva, tercero (y aquí viene el “gancho” al hígado): La activación en su máximo esplendor, del artículo noveno de la Ley del Impuesto Sobre la Renta, cuyo contenido no es una sugerencia, sino un mandato constitucional que ha estado durmiendo el sueño de los justos durante décadas, esperando ser aplicado con todo su rigor, ¿será este el fin del sueño de los extranjeros, principalmente de los “gringos”? 

No se crean, todo esto propicia pérdida de identidad barrial, desplazamiento de comercios locales y de residentes de bajos ingresos económicos, ya se han presentado manifestaciones y en algunos casos tensiones y discursos xenófobos ante la percepción de que la inversión extranjera y el turismo desmedido les dan preferencia a los visitantes extranjeros que a los nacionales.

Si bien es cierto, aunque de forma ilegal siempre ha existido la cuestión de cobrar renta de viviendas en dólares en zonas exclusivas de la Ciudad de México, esto ya llegó a su punto crítico, han proliferado cerca de 30 mil propiedades en renta temporal modificando así la dinámica de colonias enteras, esto se incrementó -al igual que los “moto-simios”- a partir de la pandemia que padecimos, el costo de la vida, principalmente en la Ciudad de México, se ha incrementado en forma alarmante.

Quienes ahí nacieron o han vivido por generaciones, han observado una disminución en su calidad de vida, nuevos inquilinos sustituyen a sus amigos y familiares, el ruido y la contaminación se incrementan -he ahí las consabidas contingencias ambientales- todo esto a consecuencia de las corruptelas para que, entre otros muchos motivos, los restaurantes se expandan, obstruyendo las banquetas, teniendo menos espacio el peatón para caminar, teniéndose que bajar al arroyo vehicular, en las mesas que colocan en las calles, se ve a extranjeros fumando y tomando cerveza tranquilamente.

A partir de 2020, el número de comercios con un nombre extranjero, pasó de 16% a 33% en 2022, para los extranjeros, vivir en la Ciudad de México es lo ideal, lo máximo, por su conectividad, cultura, entretenimientos, transportes, etc., porque a pesar de que por su culpa los malinchistas mexicanos han encarecido las rentas, para ellos no son caras, ya que les resultan más baratas que en Nueva York o Los Ángeles.

Bueno eso es todo por el momento y agradezco como siempre el favor de su tiempo dedicado a estas humildes líneas, hasta la próxima.

 

Comentarios


bottom of page