EDICIÓN 2441, EL DEDO EN LA LLAGA, POSTE PRÓXIMO A CAER Y OCASIONAR TRAGEDIA.
- 8 abr
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EDICIÓN 2441, EL DEDO EN LA LLAGA, POSTE PRÓXIMO A CAER Y OCASIONAR TRAGEDIA.

En esta ocasión, amable lector, con la pena de sonar repetitivo, voy a comentar, por enésima vez, acerca del peligro latente en que se ha convertido un poste de la Comisión Federal de Electricidad, ubicado en la calle ÁLVARO OBREGÓN de la colonia Santa Clara, exactamente en la esquina que se forma con la calle Oaxaca.
El poste octagonal fue “sembrado” en aquel sector, por la CFE, al inicio de los años ochenta y, en la actualidad, ya presume los estragos naturales de su “tercera edad”, tales como resquebrajamiento en su estructura de concreto, y lo más riesgoso:¡una pronunciada inclinación!
Es justo, aparte de muy necesario, que trabajadores de la CFE, así como elementos de Protección Civil, hagan acto de presencia en aquella esquina santaclareña y constaten la magnitud del citado problema. Todavía hay tiempo para evitar la desgracia.
En este momento, pudiera aparecer alguien diciendo que mi comentario es una exageración, pero también se debe considerar que el hecho de no actuar, a sabiendas de una probable tragedia o una posible desgracia, se llama NE-GLI-GEN-CIA. Al final no quisiera decir que se los dije, pero… ¡se los dije!
“EL DIABLITO DE CANTÚ”
El día de hoy deseo externar un agradable y muy particular recuerdo que acudió a mi pensamiento, movido por la nostalgia: Hace muchos años, algo así como la década de los 70’s, existió en esta región Sur del Estado de Veracruz, una cadena de tiendas mercantiles denominadas “Relojerías Cantú”, las cuales se dedicaban a la venta de aparatos electrodomésticos, tales como ventiladores, planchas, radios, licuadoras y, desde luego, relojes. Cabe mencionar que todos los artículos eran de la marca “RoCa” (acrónimo del nombre del propietario ROGELIO CANTÚ).
Quienes tuvimos la suerte y la fortuna de ver aquella noble época, añoramos el desprendimiento que tenían aquellas tiendas, cuyo emblema era la caricatura simpática de un diablito rojo, aludiendo a ROGELIO… La forma de operar de dichas “relojerías” era la siguiente: Si usted, estimado lector, por ejemplo, adquiría una licuadora, tan sólo por esa compra, de inmediato recibía varios regalos: una vajilla, una piñata de 8 picos, un balón de plástico, pero el obsequio más significativo era ¡un guajolote de carne y hueso!, vivito y caminado. Además de contar “¡Un laaargo año para pagar!”.
Tal vez la buena acción de tanto dar, haya sido la causante que desaparecieron aquellos famosas relojerías, o pudiera ser que se las llevó “el diablito de Cantú”.
EN EL PECADO…
Ay de aquel individuo “todopoderoso” que nunca toma en cuenta el “Primero Dios” o el “Si Dios quiere” y también jamás considera el “Dios mediante” o el “Si Dios lo permite”. Aunque, finalmente… en el pecado siempre llevará la penitencia


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