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EDICIÓN 2436, DE CORRIDITO. . ., LA MEMORIA Y LA INTELIGENCIA...

  • hace 1 día
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EDICIÓN 2436, DE CORRIDITO. . ., LA MEMORIA Y LA INTELIGENCIA...






 Gentiles lectores, buen inicio de marzo tengan todos ustedes, ¿ya ven que rápido estamos pisando la tercera parte de esta anualidad? Increíble, parece que fue ayer cuando nos encontrábamos en plenas festividades navideñas, recuerdos que se van registrando en la memoria conforme pasa el tiempo.

Y a propósito del tema de hoy, como ustedes recordarán, en nuestra casa o en la calle, oímos casi en forma cotidiana elogiar a las personas que tienen buena memoria y por el contrario se reprocha a quienes no cuentan con esa virtud. De ello deducimos lo importante que tiene para nuestras vidas disfrutar de una buena memoria, pero, ¿qué es la memoria y como actúa? Si el género humano fuese una máquina, inmediatamente podríamos identificar el asiento de tan importante función, saber el porqué es buena, regular o mala.

Nuestra mente está libre de ser un simple mecanismo que siempre repite la misma tarea y nos permite aprender, discernir y actuar de mil formas, no somos autómatas, no sólo porque no tenemos juicio y raciocinio, sino también por tener memoria, por poder conservar el recuerdo de hechos pasados que en el momento oportuno volvemos actuales y nos permiten comportarnos siempre de acuerdo a las circunstancias que se nos presenten.

Yo siempre me he preguntado: ¿qué es el cerebro? ¿Cómo guarda tanta información? ¿Qué capacidad tiene? Si EINSTEIN, sabiendo lo inteligente que era, no desarrolló ni siquiera el 10% de su capacidad, ¿qué tanto estaremos usando nosotros? Casi NADA o nada, tal vez solo hagamos uso del raciocinio.

Fíjense ustedes, si los seres orgánicos más simples, por ejemplo, las amibas, reaccionan ante unos estimulantes del medio en que viven, sus movimientos se orientan hacia la luz y el calor o bien huyen de ellos. En cada una de estas acciones se producen cambios físicos químicos en su protoplasma, que es la materia viva de que están formadas.

Cuando recordamos fácilmente y con claridad un acontecimiento cualquiera, no se nos ocurre pensar en los fundamentos de la memoria, pero cuando recordamos algo con dificultad o en forma parcial, ahí si nos ponemos a pensar un poco en esa falla, quiere decir que no valoramos lo que tenemos, a menos que sintamos que lo estamos perdiendo.

Diariamente, sin sentirlo, pasan por nuestros sentidos millares de excitaciones, desde los innumerables ruidos de la calle, hasta los olores más delicados o desagradables, sin embargo, no todos los recordamos y si llegada la noche quisiéramos hacer un balance de las precepciones obtenidas, llegaríamos a la conclusión de que sólo recordamos una pequeña parte de las excitaciones recibidas y ésta porción corresponde a las que más nos hayan impresionado, vivencias, ya sea agradables o desagradables, por ejemplo el estrépito del choque de dos carros en una esquina, el delicado perfume de una dama, etc., esto nos enseña que no retenemos todo lo que nos llega a través de los sentidos, sino solo aquello que con mayor fuerza logró llamar nuestra atención.

Por ejemplo, hace muchos años recuerdo que viajaba en un A.D.O. con mi papá -había norte- pasando Alvarado, antes de llegar a Ciudad Lerdo, la carretera estaba inundada, el tránsito había sido suspendido, hasta en tanto bajara el nivel del agua, estuvimos detenidos durante varias horas y cuando la sed ya estaba por hacer estragos en mi cuerpo, apareció por la ventanilla un vendedor de jugos de naranja bien fríos, hay detalles que con el tiempo ya olvidé.

Al pasar -de vez en cuando- por ese lugar, recuerdo perfectamente la altura de donde estábamos detenidos, remontándome a aquel entonces, aunque ni el autobús (un Dina jorobado) ni la inundación, ni mi papá, estén presentes, todo esto sin que nada ni nadie me obligue a recordarlo.

Lo mismo puede suceder, aunque no me encuentre en ese lugar, como en este momento en el cual me encuentro escribiendo y también, sin que nada me obligue a recordarlo. Esto nos plantea la diferencia que existe entre recordar y acordarse; recordar, es memorizar un hecho por un estímulo directo, la visión del lugar donde algo ocurrió, acordarse equivale a ayudar a la memoria mediante la unión de hechos, que muy poca relación pudieron haber tenido con lo que se haya memorizado.

Pero, ¿por qué se retienen mejor unas cosas que otras? Porque no es lo mismo recordar un hecho que hemos presenciado y otro que se nos ha platicado. Cuando somos testigos presenciales de algo, lo podemos expresar con lujo de detalle y difícilmente lo olvidaremos durante mucho tiempo, pero sucederá todo lo contrario cuando nos fue platicado, es más, podemos hasta deformar la información obtenida. El motivo es fácil de comprender:

Si vamos al teatro y escuchamos los diálogos y vemos actuar a los actores, nos van a causar impresión sus gestos, sus ropas, la iluminación y la escenografía, ahí estuvieron en juego todos nuestros sentidos, las más variadas excitaciones llegaron a nuestro psiquismo, presenciamos la obra en toda su intensidad, no solo hemos comprendido los diálogos, sino que también hemos visto la acción.

En cambio, si nos platican la obra, no existen estímulos adicionales, solo queda la voz de quien nos la está contando, nada nos excita y en consecuencia la impresión que vamos a recibir será débil.

El psiquismo retiene mejor cuanto más fuerte es la impresión, por esta razón, y muchas veces sin saberlo, los estudiantes se ayudan para comprender las lecturas, leyéndolas en voz alta o escribiéndolas, así dos sentidos, audición y tacto, colaboran con la vista y la impresión reforzada gracias a este proceso de fijación, dura mayor tiempo, y esto es así porque yo lo llegué a experimentar en carne propia, por lo siguiente:

Yo nunca fui “matadito” en la escuela, pero eso sí, y aunque suene a jactancia, nunca me di el lujo de reprobar ninguna materia. Les cuento que en segundo de preparatoria, en la materia de “Historia de México”, teníamos a una maestra que nos explicaba bien, pero le encantaba dictarnos y se mencionaban un “titipuchal” de nombres, lugares y fechas, a tal grado que cuando llegó el examen mensual, me dije “no la voy a hacer con tanto nombre y tanta fecha” y como buen “malandro”, me puse a estudiar para la evaluación, pero a la vez fui haciendo un “acordeón” con los nombres y fechas que se me dificultaba memorizar, para sacarlo temerariamente en caso necesario, llegado el momento, resulta que ya no tuve necesidad de sacarlo, me acordé de los datos que pedían en el examen, como recuerdo chusco, una compañera que siempre llevaba vestido o pantalón, esa vez llevó minifalda, para poder sacar y meter de la prenda con facilidad su acordeón (quién sabe si lo haya sacado) pero a mí me dijo que lo llevaba preparado.

De acuerdo a esto, audición y tacto colaboran con la vista, y la impresión reforzada, gracias a este proceso de fijación, dura mayor tiempo.

¿Se han preguntado por qué la gente mayor recuerda mejor los hechos de su niñez? Es común ver a gente de la tercera edad que olvidan con facilidad lo que vivieron durante el día y sin embargo nos cuentan con lujo de detalles de la época en que fueron a la escuela, inclusive cómo se llamaban sus maestros, este fenómeno se debe a que durante la niñez y la juventud, el psiquismo es apto para retener todo tipo de estímulos, es como moldear un pedazo de plastilina, por un artista plástico, en cambio, por razón natural, la edad trae consigo una disminución de la sensibilidad de los sentidos, las excitaciones que estos nos aportan son cada vez más débiles, el psiquismo carece de plasticidad, retiene con dificultad y por ello reproduce mal o parcialmente, es por eso que las personas mayores, apenas pueden reconocer lo retenido y reproducido recientemente.

Lo anterior nos debe hacer comprender lo necesario que es aprovechar los años juveniles para el estudio, hay muchas cosas que nunca se llegan a saber, si no fueron aprendidas en la niñez o en la juventud, cuando el psiquismo era dúctil y podía retener numerosas impresiones, por eso los niños y los jóvenes deberían tener el hábito de leer, con ello no se necesita aprender gramática ni que a uno lo enseñen a escribir y a expresarse correctamente por escrito, como dijo Voltaire: “entre más leo, más seguro estoy de que no sé nada”.

Apreciables lectores, muchas gracias por la dispensa de su tiempo y nos leemos a la próxima, si el Jefe me dice que puedo seguir por la ruta de mi destino.

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