EDICIÓN 2431. DE CORRIDITO. . . ES MEJOR HACER DE TRIPAS CORAZÓN...
- 28 ene
- 7 Min. de lectura
EDICIÓN 2431. DE CORRIDITO. . . ES MEJOR HACER DE TRIPAS CORAZÓN...




Qué tal apreciables lectores, espero la están pasando bien, en compañía de todos los suyos, son mis mejores deseos.
Como lo dice el título de hoy, muchas veces es preferible tragarse un coraje, que después arrepentirse de un acto impulsivo que ya se cometió y que al querer remediarlo, nos damos cuenta que ya no hay reversa, lo hecho, hecho está.
El comentario viene a la luz, porque resulta que un servidor tiene como vecino a un chavo de unos 40 años y desde hace muchos es adicto a la droga y al alcohol de lo más corriente, eso sí, debo reconocer que con mi familia, con un servidor y con mis bienes, nunca se ha metido, por el contrario, nos respeta y nos habla bien, a pesar de que a veces “ande en su mundo”.
Como todo adicto, en su desesperación, busca la manera de obtener dinero de la forma que sea, he sabido que a veces se sale de su casa de madrugada a robar accesorios de vehículos, para después malbaratarlos, a cambio de unas monedas y así poder pagar su vicio, ya perdió a su esposa y 2 hijas y vive con sus padres adoptivos, a quienes insulta y maltrata de palabra y ellos lo solapan.
No me explico, en verdad, esos señores de dónde sacan tanta fortaleza, paciencia y tolerancia, para aguantarle infinidad de ofensas y malos tratos, la incongruencia viene porque se trata de personas que rebasan ya los 75 años de edad, razón por la cual, si bien es cierto que no son unos ancianos, ya es para que estuvieran viviendo tranquilos.
Este chavo, en una ocasión cometió el error de meterse a robar al restaurante de otro vecino y fue captado por las cámaras, que tanto por fuera como por dentro, tiene para su seguridad, comprobándosele en aquel entonces que se introdujo para sacar dinero de la caja y unos refrescos de uno de los refrigeradores. El chef, dueño del restaurante, habló con sus padres, indicándoles que por consideración a ellos no iba a presentar la denuncia correspondiente. Pasó un tiempo y volvió a reincidir, de nueva cuenta, se metió a robar, con la ayuda de una escalera metálica de esas que se usan para hacer trabajos domésticos, solo que esta vez no encontró dinero en la caja y solo se llevó unos utensilios de cocina para irlos a vender.
Cuando se dio cuenta el chef, lo agarró a golpes y le advirtió que si lo volvía a ver robándole, le iba a dar una sarta de trancazos y lo iba a denunciar, importándole un cacahuate que sus padres ya fueran grandes y uno de ellos además discapacitado.
Me acabo de enterar, por “radio vecino”, que el chavo que nos ocupa, la semana pasada llegaba a su casa por la noche y vio de frente al chef, no se sabe que fue lo que le dijo, a la vez que le tiró un golpe, de tal suerte que le rompió los lentes, el segundo de ellos reaccionó, contestándole con un golpe que lo mandó al suelo y estando ahí -ese fue su error- comenzó a patearlo hasta desfigurarle la cara y dejarlo semi inconsciente.
Uno de sus hermanos, no sé cómo se enteró y corrió a ver qué es lo que sucedía, reclamándole su actitud al haberlo dejado prácticamente en un charco de sangre. Se lo llevaron en su vehículo a un hospital y de ahí lo enviaron a otro en ambulancia, lo cierto es que “hasta el momento de escribir esta edición”, se encuentra intubado en terapia intensiva, porque las heridas que tuvo le causaron hemorragias que corrieron hacia el cerebro.
Una vez que se le pasó el coraje al segundo golpeador, seguramente vino el “¡puta, que hice!”, pero ya no hay para dónde hacerse, no queda de otra que asumir las consecuencias del acto cometido. Preguntándole a la inteligencia artificial qué posibilidades hay de que una persona en esas condiciones “la libre”, me respondió que son bajas, dependiendo del grado de severidad, considerándose ante todo como un pronóstico crítico.
¿Se imaginan, estimados lectores, el problemón en que el chef se puede meter en el caso de que este chavo no “la libre”? El delito de homicidio doloso está materializado, además de las agravantes que resulten de las investigaciones y si vive, puede configurarse la tentativa con sus agravantes, de cualquier forma está bien “grueso” el asunto, el agresor está en aprietos, claro que estoy hablando en una estricta teoría, porque en la práctica, al día siguiente de los hechos, al salir de mi casa, vi que llegó en un vehículo particular un policía de investigación, seguramente enviado por el Fiscal adscrito al hospital en que se encuentra la víctima; cuando regresé, aún estaba ahí la camioneta y el policía estaba sentado comiendo y platicando con el chef, de tal forma que si los agraviados no se ponen listos, las cosas pueden cambiar de ver$ión de tal suerte que el victimario se puede convertir en víctima, a pesar de contar con el video que una “vecina solidaria” le dio al hermano de la víctima, si no es que el agresor se “desaparece” de este mundo.
El tema de la corrupción es algo que de momento no deseo tocar, me quiero enfocar al de no saber controlar las emociones, los impulsos que pueden traer consecuencias que le cambien a uno la vida en un instante, en verdad, hay gente que se jacta de decir “soy de poca mecha”, “cuando me hacen encabronar reacciono violentamente y no mido consecuencias”, pues precisamente con este tipo de gente están llenos los panteones y saturadas las cárceles.
Existe también en criminología el potencial psicológico de que cada uno de nosotros llevamos a un homicida dentro, y eso es cierto, por más que uno sea tranquilo si vemos que en la calle están atacando a una de nuestras hijas, en ese momento la adrenalina sale de control y es capaz de matar en ese instante sin medir consecuencias.
Algo parecido le sucedió al chef, no digo que sea una perita en dulce, tampoco, pero se salieron de control sus impulsos, aunque hay que aceptar que al otro ya se le había advertido en 2 ocasiones y todavía se puso de bravucón, desde luego que no es una justificante, pero “él mismo le fue a dar de cachetadas al león”.
En el fondo, el ser impulsivo conlleva rasgos antisociales, falta de empatía, comportamiento egoísta y falta de control emocional que por lo regular están asociados con la psicopatía e influyen en la conducta delictiva.
Los hallazgos sugieren que los delincuentes tienen poca capacidad para sentir arrepentimiento, remordimiento por sus crímenes o para discernir la pertinencia de sus acciones, sin embargo, hay gente que llega a matar, no tanto porque sea un criminal, sino porque muchas veces lo hace en defensa propia, la cual por cierto no es nada fácil comprobar, a menos que los hechos sean inminentes. Al respecto, les cuento una breve vivencia que una vez mi papá me platicó:
Resulta que él tuvo a un tío llamado FELIPE, (hermano de mi bisabuelita paterna, por parte de mi abuelito) que era un tipo a todo dar y que todo el tiempo andaba a caballo, tenía un rancho allá por “Las Matas”, donde alguno que otro domingo lo iban a visitar.
Independientemente de esto, todos los sábados iba a ver a mi bisabuelita, llevando consigo un perol de leche, para repartirlo entre él y sus amigos, claro que eso tenía un precio, consistente en pasar tres veces consecutivas entre las patas del caballo con él montado, por supuesto que mi papá pensaba que era más práctico que mis abuelitos se la compraran al lechero.
Me contó que con todos ellos era cariñoso, aunque no por ello era precisamente un dechado de prudencia, siempre andaba armado con un revólver cubierto por su camisola.
Un día, alguien con marcado antagonismo hacia él, le llenó de chismes la cabeza, respecto a una persona respetuosa y tranquila que se llamaba don FERMÍN, el más estricto sentido común lo hubiera impulsado en esta situación a investigar y conocer la verdad, antes de hacer algo de lo que se pudiera arrepentir.
En lugar de ello, se dio a la tarea de buscarlo, cazarlo más bien, hasta que lo encuentra cerca de donde mi papá vivía, en la esquina de Juárez y Carranza, ahí a unos pasos de donde hoy en día está una notaría.
En ese momento le echó el caballo encima con su revólver en la mano, conminándolo a que se defendiera, al ver que don FERMÍN mantenía la prudencia y pasividad tratando de hablar con él, le empezó a disparar con tan mala suerte que el arma se le encasquilló, momento que Don FERMÍN aprovechó para sacar y accionar el arma que él también portaba oculta entre su ropa, obedeciendo desde luego a su más natural instinto de conservación. Esa fue la forma en que terminó una persona noble de sentimientos, pero débil en el dominio de sus impulsos.
Con esto quiero decir que de la persona más tranquila es de la que se debe uno cuidar, el “faramalloso” se las da de muy fortachón y se siente “Juan Camaney”, pero yo lo comparo con un roble, que es alto, fuerte y frondoso, pero si viene un “norte” fuerte lo puede derribar, en cambio una vara de bambú, así como se le ve de frágil, el viento, por fuerte que sea, la menea para un lado y para otro, pero no se rompe ni mucho menos se cae.
En verdad se los pido amables lectores, si tienen un carácter impulsivo, contrólense, no expongan su libertad ni su vida, piensen antes de actuar, piensen en quienes tienen atrás de ustedes, a su familia, cuiden consecuentemente su trabajo, a la ley no le va a importar si usted tiene que permanecer 72 horas “guardado” y si lo judicializan estará más de 4, con ello automáticamente ya perdió su chamba, así sea de planta en Pemex con todo y los “paros” que le haga el sindicato si pertenece a este régimen. No quiero decir que sean pasivos, pero con explicar que no confundan su paciencia con debilidad, ni su tolerancia con otra cosa, es posible lograr una solución, hay que usar la fuerza de la razón, no la razón de la fuerza, aquí de nada sirve decir “es que estaba bajo los efectos del alcohol y no me di cuenta”, la ley agarra parejo y máxime cuando no se tienen “conectes” ni abogado que no pida por adelantado “recurso” para poder actuar, así sea solo un “coyote” con prepa trunca.
Muchas gracias por la dispensa de su tiempo y por favor, insisto, tomen en cuenta mi sugerencia, mis atrabancados de carácter.



Comentarios