EDICIÓN 2428, DE CORRIDITO. . . ¿HASTA DÓNDE LLEGAN?
- 7 ene
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EDICIÓN 2428, DE CORRIDITO. . . ¿HASTA DÓNDE LLEGAN?


ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR.

LIC. ERNESTINA GODOY RAMOS.
Hasta hace unos cuantos años, el Pueblo de México tenía que creer forzosamente lo que le transmitían la radio, televisión y prensa escrita, no había forma de verificar la certeza de tanta información, al Pueblo se le tenía con una venda de 20 metros en los ojos, a manera de que no viera absolutamente nada y todo lo que oyera lo creyera. Afortunadamente la tecnología hizo su aparición, transformándola en redes sociales, para contribuir grandemente en la formación de criterios de la gente.
Con motivo de las festividades de fin de año, este prestigiado Semanario modificó sus tiempos de impresión y distribución, por lo cual fue necesario entregar esta columna con un poco de anticipación, motivo por el cual al momento de escribir estas líneas, no se ha hecho oficial ningún peritaje que tienda a despejar la incógnita del “accidente” ocurrido al “tren transístmico” el pasado 28 de diciembre de 2025, suceso que despierta muchas sospechas porque hasta este momento la oposición se está mostrando bastante activa en las redes sociales, culpando -inclusive- al Presidente LÓPEZ OBRADOR y a uno de sus hijos.
Como dije en un comentario anterior, el conservadurismo se va a valer de todo lo que tenga a su alcance, no importa lo que cueste, con tal de debilitar al gobierno, han surgido señalamientos, especulaciones, la mayoría de estos basados en intereses partidistas, todos sus integrantes, comentócratas, pseudointelectuales, golpeadores disfrazados de pseudoperiodistas, todos sin excepción, se convierten en “peritos expertos”; PRI y PAN piden frenar todos los proyectos -brincos dieran- en la investigación tienen que ver operadores, constructores, proveedores, hasta descartar todo lo habido y por haber y llegar a una conclusión, es inhumano que de esta tragedia se quieran colgar para atacar al gobierno, en verdad son unos buitres, lo más deplorable de un político, la mejor forma de callarlos, es haciendo justicia, sacando a la luz la verdad de los hechos.
El descarrilamiento de este tren ha hecho que los del PRI lleguen como zopilotes al lugar de la tragedia, ni siquiera acababan de sacar de los vagones a las víctimas y ya tenían culpables, sentencia, discursos, ellos no necesitan la verdad, necesitan narrativa, “esto confirma lo que siempre hemos dicho”... “Este gobierno es un fracaso”... “Nosotros sí sabemos gobernar”, etc., todo esto cuando ni siquiera se habían iniciado las investigaciones, en lugar de mandar un mensaje de solidaridad, de prudencia, a las víctimas y a sus familiares, no, ¿cómo? Desde luego, esto no causa extrañeza al conocer su maestría, qué digo maestría, doctorado honoris causa para utilizar las tragedias como herramienta política, cuando no es estrategia es mitin, cuando no es miedo es mentira, pero siempre es negocio, siempre buscan valerse de las situaciones para hacer campaña política, utilizan los desastres como mercancía, no buscan la justicia social, actúan por costumbre, conforme a sus cánones, repartiendo codazos, metiendo el pie, empujando, con tal de ganar.
La diferencia entre la oposición y un gobierno serio, es que los primeros hablan por hablar y los otros investigan antes de hacerlo, pero que se investigue a fondo y se sepa la verdad, que se despejen dudas y para ello nadie como la Licenciada ERNESTINA GODOY, titular de la Fiscalía General de la República, quien no descartará ninguna línea, incluyendo el sabotaje.
Dejemos esto a un lado y pidamos al Creador que este año sea mejor para todos y que a México ya lo dejen crecer como se merece.
El otro día pasé caminando por la calle Hidalgo recordando, como una vez les platiqué, el lugar donde estaba, la refresquería “Acapulco”, la relojería Cantú, “Un minuto para comprar, ¡un laaaaargo año para pagar!”. Y en la mera esquina, la zapatería Canadá, donde hoy se encuentra una tienda, cuyos logos tienen un fondo amarillo.
Por cierto, ¿ustedes sabían que esa zapatería era 100% mexicana, que nació en Guadalajara, Jal., allá por los años 40’s y que nunca tuvo nada que ver con aquel país? Leí por ahí que por aquella década, en Guadalajara surgió una pequeña zapatería familiar fundada por el señor Salvador López Chávez y su padre, quienes hacían zapatos a mano, de buena calidad, con materiales de excelencia; conforme pasaba el tiempo, aunque sus ventas iban en crecimiento, notaron que no era lo que ellos esperaban, ya que se encontraron con el fenómeno del “malinchismo”, la gente prefería calzado proveniente del extranjero, por considerar que el que se hacía aquí en México era de calidad inferior, además de que no era moderno, elegante ni de prestigio.
Era un fenómeno que hasta la fecha persiste, se tiene la idea de que lo extranjero es mejor que lo hecho en México, así las cosas, padre e hijo se dieron a la tarea de buscar la forma de atraer clientes y demostrarles que su calzado era de buena calidad, a uno de ellos se le ocurrió la idea de ponerle un nombre extranjero para atraer a la gente y fue así como le pusieron “Zapatería Canadá”.
El resultado fue formidable, en poco tiempo pasó de ser una zapatería tapatía a un símbolo a nivel nacional, sus tiendas se expandieron por todo México, las familias mexicanas depositaron su confianza en ella, así las cosas, yo usaba unos que se llamaban “bostonianos”, les decían “monstruonianos”, porque eran bonitos y elegantes, pero cada uno pesaba -yo creo- como 2 kilos.
Estas zapaterías dejaron de existir, pero creo que dejaron huella, a la fecha existen imitaciones, todo imitado, pero jamás igualado, decía un anuncio por ahí, recuerdo de una época cuya calidad se sentía en las manos y aunque el tiempo haya pasado, la historia sigue vigente, con el orgullo de que lo hecho en México está bien hecho.
Haciendo un poco de historia, tuve conocimiento de que en 1880, un par de zapatos costaba más de lo que el jefe de una familia ganaba en una semana, no tanto porque el cuero fuera caro o los zapateros codiciosos, sino porque para su fabricación había que librar un obstáculo casi imposible, este consistía en pegar la parte superior del calzado con la de abajo, es decir, la suela.
Pegar la suela era una labor que solo los maestros artesanos podían hacer, trabajaban en la elaboración de 50 pares al día y esto hacía que se sintieran “la única coca en el refri”, se sentían insustituibles porque quienes lo intentaban, fracasaban, el trabajo de hacer zapatos -según ellos- era una labor bastante delicada, a la que además había que imprimirle valor humano.
Tiempo después llegó Jan Ernst un inmigrante afroamericano de 21 años de edad y les dijo “ No me digan que solo ustedes son Juan Camaney”, provenía de la capital del calzado en América, Massachusetts, donde trabajaba 10 horas diarias y por las noches, en el cuarto donde vivía, aprendía inglés -el cual casi no hablaba-, dibujo mecánico e ingeniería, esto sin contar con luz eléctrica, solo la de una vela.
Durante muchos años, estuvo intentando hacer zapatos y modelo tras modelo fallaba, los artesanos zapateros prácticamente lo tiraron de a loco sabiendo que su técnica para pegar zapatos era prácticamente imposible de ser imitada por otros
Los intentos de Jan Ernst propiciaban la burla de todos, pero en el fondo, la duda. Fue hasta 1883 cuando la oficina de patentes de los Estados Unidos le otorgó una patente en reconocimiento a su invento para cerrar la parte de arriba de un zapato con la suela de manera eficaz y funcional.
Se trataba de una máquina que producía alrededor de 700 pares de zapatos al día, mientras que un artesano hacía 50, con esto prácticamente les quitó lo “picoso” a los artesanos. A los pocos años, el precio de los zapatos bajó considerablemente, las familias podían adquirirlos con calidad duradera, a bajos precios, los niños podían calzar cómodamente y los trabajadores podían comprar zapatos duraderos y resistentes.
Sin embargo, Jan Ernst nunca pudo ver a ciencia cierta el fruto de su invento, si bien es cierto había contribuido grandemente al bienestar de las familias, para poner a producir su invento, tuvo la necesidad de vender su control a los inversionistas, ya que él no contaba con capital suficiente para ingresarlo al mercado, con su invento se hicieron millonarios a su costa, fue la base de una compañía llamada “United Shoe Machinery Corporation” que dominó la industria mundial del calzado durante décadas.
Mientras que este corporativo recibía millones de dólares de utilidad, a él le daban un pequeño pago y unas cuantas acciones, no cabe duda que nadie sabe para quién trabaja. Debido a esta situación se tuvo que mantener como empleado de su propio invento, haciéndole mejoras cada día, sus jornadas laborales eran de 16 horas, el estrés y la pobreza lo atraparon entre sus garras, al no contar con atención médica ni recursos económicos suficientes.
En 1889, fue presa de la tuberculosis y murió a los 37 años de edad. Los magnates que se beneficiaron de su ingenio, mientras vivían en mansiones como reyes, el joven afroamericano vivía en la pobreza, murió olvidado, sin jamás reconocer que él fue quien resolvió el problema -casi imposible- de pegar calzado.
Nunca fue mencionado, fue hasta 1991 cuando se le reconoció en el “National Inventors Hall of Fame”, ya que en los últimos 140 años en la fabricación en masa de calzado, se utiliza su técnica. Aquí cabe la ironía actual, cuando se está con vida, la familia ni se acuerda de uno, pero nada más saben que se muere y dan dinero con gusto, cooperan con todo lo que sea necesario comprarle, lo cual se interpreta como un gusto de que se haya muerto.
Así es la vida estimados lectores; que tengan un buen año y que el Jefe los colme de bendiciones.



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