top of page

EDICIÓN 2424, EL DEDO EN LA LLAGA, EL MILAGRO DEL TEPEYAC.

  • surestemensaje
  • 10 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

EDICIÓN 2424, EL DEDO EN LA LLAGA, EL MILAGRO DEL TEPEYAC.

EL ROPAJE DE LA VIRGEN ERA TAN BRILLANTE.
EL ROPAJE DE LA VIRGEN ERA TAN BRILLANTE.

FRAY JUAN DE JUAN DE ZUMÁRRAGA.

LA MADRE DE TODOS LOS MEXICANOS.

LA VIRGEN DE GUADALUPE Y JUAN DIEGO.

Una mañana, muy temprano, cuando del sol apenas se veían sus primero rayos, un indígena joven caminaba por las faldas del Cerro del Tepeyac. Procedente de Tolpetlac, se dirigía a Tlatelolco, con la finalidad de oír misa en el templo de Santiago.

CUAUHTLATOHUAC era su nombre, que significa: “El que habla como águila”. Sin embargo, como había sido convertido a la fe católica, se le había bautizado con el nombre de JUAN y como sobrenombre DIEGO.

Era el sábado 9 de diciembre del año 1531, el frío de la mañana daba brío al paso de JUAN DIEGO, al tiempo que pensaba en lo poco que le faltaba para llegar a su destino. De pronto, al pasar el cerrito, escuchó una especie de trinos de pájaros, algo definible como un coro celestial, trinos y cánticos jamás oídos por él, con una armonía como si tuviera eco en todo el contorno del cerro. Al acercarse al lugar de donde provenían tan hermosas entonaciones, vio una nube blanca y resplandeciente y en su contorno un brillante arcoíris que se formaba de los rayos de una luz que estaba en medio de la nube. Quedó absorto, pero sin temor y sintiendo en su corazón un júbilo y alborozo inexplicables, se aceró más al lugar, cesando de inmediato los cánticos y escuchó entonces la tierna voz de una mujer, dulce y delicada, que salía de aquella esplendorosa nube y que le decía: “JUAN DIEGO, hijo mío acércate mi pequeñito y delicado ciervo, ¿a dónde vas?”.

El indio, con cierto asombro, respondió: “Voy, noble señora y dueña mía, a México, al barrio de Tlatelolco, a oír la Misa que nos muestran los ministros de Dios y sustitutos suyos”.

El ropaje de la virgen eran tan brillante, que los peñascos, espinos, nopales y abrupto suelo, parecieron de oro bruñido, cuajado de piedras preciosas y de jaspe matizado, cuando le contestó en dialecto mexicano: “Sabe, hijo mío, muy querido, que soy la siempre virgen María, Madre del verdadero Dios, Autor de la Vida, Creador de todo y Señor del Cielo y de la Tierra, y es mi deseo que se labre un templo en este sitio, desde donde cuidaré y daré alivio a los desamparados y los que sufren, y para tal efecto debes ir al palacio del obispo y le referirás cuanto has visto y oído”.

JUAN DIEGO, sin salir de su asombro por aquella aparición, se dirigió a la ciudad para pedir audiencia al entonces Obispo de México, FRAY JUAN DE ZUMÁRRAGA, quien después de varias insistencias con sus criados, lo recibió y oyó el relató de la aparición. Mostrándose escéptico, el prelado lo despidió con la promesa que estudiaría el caso.

Esa misma tarde, cuando JUAN DIEGO regresaba a Tolpetlac, nuevamente llegó al sitio de la aparición y se encontró a la Santísima Virgen aguardando su respuesta, la cual expresó diciendo: “Niña mía, muy querida, hice lo que me mandaste, mas por lo que vi, el Obispo no dio crédito a mis palabras, creyendo que era una invención mía”.

La Madre de Dios insistió en que JUAN DIEGO volviese al día siguiente a entrevistarse con el prelado de la iglesia y nuevamente pusiera en sus manos la petición de construir un templo en ese lugar.

El domingo 10 de diciembre, después de asistir a la Misa, JUAN DIEGO pidió audiencia al obispo, quien se negó a recibirle y oír la ratificación del mandato celestial, prometiéndole que estudiaría el caso tan insultado.

El indígena se presentó a la Virgen y le relató lo que se había dicho, a lo que la Reina de México, con dulce voz, le pidió a JUAN DIEGO que regresase el martes 12 de diciembre, al mismo lugar, para darle el testimonio que habría de llevar a FRAY JUAN DE ZUMÁRRAGA.

En fecha tan memorable, se presentó JUAN DIEGO y la Virgen le indicó que fuera a la cumbre del cerrito y cortara tanta rosas como pudiera, las pusiera en su tilma y regresara. Así hizo y al presentarse a la Santísima Virgen tomó las rosas en sus manos, las depositó nuevamente en la tilma del indio y le dijo: He aquí la prueba que llevarás al obispo y le dirás que por señas de estas rosas haga lo que le ordeno”.

JUAN DIEGO no perdió tiempo y de prisa se presentó ante el prelado, llevándole el testimonio de la aparición de la Virgen, pues al extender su sayal, el monseñor se postró de hinojos, y con lágrimas en los ojos y voz entrecortada exclamó: “¡Milagro… milagro!”, al ver la imagen de nuestra Señora bellamente plasmada en la tilma de JUAN DIEGO.

EL 26 de diciembre, FRAY JUAN DE ZUMÁRRAGA, en procesión solemne, llevó el lienzo al cerro y allí se le rindió homenaje a la Guadalupana, erigiéndose una ermita en el sitio indicado por ella.

Comentarios


bottom of page