EDICIÓN 2422 DE CORRIDITO. . . COSAS QUE NO SABÍA....
- 26 nov 2025
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EDICIÓN 2422 DE CORRIDITO. . . COSAS QUE NO SABÍA....



UN ACCIDENTE AÉREO SUCEDIDO EN 1972 EN LA CORDILLERA DE LOS ANDES.


EL ADO DE LOS 80´S, VIAJE RECUERDO DE LA INFANCIA DONDE SE VIAJABA A GUSTO.
Gentiles lectores, espero la estén pasando bien en estos días, que como bólido transcurren rumbo al final de año, no cabe duda que el tiempo jamás se detiene y dentro de sus planes, nunca ha pensado en regresar.
A un servidor, desde niño siempre le han gustado los autobuses, los tractocamiones, los autotanques y bueno, dicen por ahí, que todos llevamos a un niño dentro, hasta la fecha tengo una colección de ellos, a escala, que guardo de los años 80’s para acá. Recuerdo que iba a la primaria y mi papá me compraba modelos a escala para armar, de la marca “Revel lodela”, los cuales -a mi edad- era casi imposible que lo pudiera hacer yo solo, entonces él se ponía a armarlos conmigo, me acuerdo que primeramente pintábamos (con pinturas de aceite de la misma marca) y luego armamos, uno de ellos, fue un buque petrolero llamado “Álvaro Obregón” -azul marino y rojo-, un avión 727-100 de “Mexicana de Aviación- primeramente lo pintamos y luego lo armamos, luegó me acuerdo, el día de reyes me trajeron un autobús de plástico de casi un metro de largo, era azul con toldo blanco, tenía los asientos para los pasajeros y traía a su conductor vestido de traje, pues bien, le dije a mí papá si lo pintábamos de A.D.O. y así lo hicimos, recortamos de varios boletos de viaje el logotipo, que era unas “alitas” con un mundo en medio y adentro las letras A.D.O., ahí tienen que como no encontramos color guinda, mezclamos unos frasquitos de colores rojo, negro y azul, como la superficie era de plástico, la pintura como que se encogía y difícilmente se iba a poder pintar, lo que hicimos fue lijarlo a manera de que la superficie quedara porosa y ahora sí, pudiera penetrar la pintura, quedó de lujo, lamentablemente no sé donde quedó.
Pero tiempo atrás, tuve también un tractocamión azul marino, de doble caja, a escala, de la marca “Dina- Fiat” -de pura lámina y llantas de hule-, así como un camión militar (este sí lo tengo hasta nuestros días) a los que vi como mi papá les hizo una instalación con unos cablecitos y una pila “AA”, a manera de que prendieran los fanales.
Así podría estar haciendo remembranzas de todos los juguetes que tuve, pero no deseo aburrirlos con historias que pudieran originar el tedio entre ustedes, solo una cosa más y ya le paro: Antes de que fuera al kínder, a ese camioncito militar que les acabo de comentar, además de las luces que le puso mi papá, mi abuelito le hizo un remolque, ¿un remolque? Sí, agarró una lata vacía de leche “clavel”, le quitó la etiqueta y le hizo un boquete en cada extremo, le pasó un alambre por dentro y cada uno de los extremos los atoró a los del camión militar en la parte de atrás.
Me acuerdo que mi abuelito tenía una palita de metal con mango de madera, como recuerdo de cuando trabajó en la refinería (ahí la tengo) y como el patio era pura tierra, entre un árbol de naranja, uno de tamarindo, un roble, otro de guayaba, y uno de mango, que por cierto recuerdo que daba una sombra pródiga, trazaba mi ”carretera” y ahí (cuenta la historia) me pasaba horas y horas jugando. Un día mi bisabuelita andaba barriendo las hojas de los árboles con una escoba hecha a base de puras varas y ¡puta! que me la va desapareciendo. Con una mezcla de coraje encontrado y sentimiento, le fui a dar la queja a mis abuelitos (como es obvio, a esa edad nunca pude pensar que jamás lo hizo a propósito) “¿Qué te pasó mijo?” “Es que esa pinche vieja me borró mi carreterita y me aventó mi “Alió” (A.D.O.)”. Lejos de reprenderme, dicen que lo que hicieron fue soltar la carcajada. Desde niño fui mal hablado y reconozco que nunca se me quitó, pero eso sí, siempre he dicho que no es lo mismo ser mal hablado que ser vulgar, ya que lo primero sale del alma, es espontáneo, lo segundo ya lleva malicia, veneno.
Si ese predio ubicado en la calle Jorge H. Acosta 15 e Insurgentes 10-B (tenía 2 entradas) centro, hoy colonia Obrera, en el que pasé los momentos más felices de mi infancia hablara, seguramente me contaría cosas que desconozco.
Bueno, pero a lo que voy, la historia del avión armable que les acabo de comentar, me vino a la mente porque de mi “hemeroteca” el otro día saqué una revista que se llamaba “Life” -digo llamaba porque ya no la publican- y en ella se narra la historia de un “Boeing 727-100” de “Mexicana de Aviación”, en el que tuvo lugar un suceso relacionado con un grupo terrorista, algo que yo pensaba que solo sucedía allá por el otro lado del mundo.
Resulta que esa nave salió un 8 de noviembre de 1972 de Monterrey a la Ciudad de México, unos minutos después del despegue, volando sobre el espacio aéreo del estado de Tamaulipas, el capitán informó que el avión había sido tomado por 4 individuos que decían ser miembros de la “liga comunista”, que eran estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León y que su propósito era terminar con el gobierno de aquel entonces, sus exigencias a cambio de la vida de los pasajeros, eran la liberación de 6 de sus compañeros que habían sido encarcelados, 4 millones de pesos, armas de alto poder debidamente cargadas, obligando a los policías a no acercarse al avión una vez que regresara al aeropuerto de Monterrey y que solo el capitán de la policía estatal, torturador contrainsurgente, fuera el único que, estando semidesnudo se acercara al aparato a entregar el dinero y las armas. Hecho lo cual, fue escupido y abofeteado, humillado de la forma más penosa. Más tarde llegaron los presos que habían sido liberados, entre ellos una mujer, que llegó en camilla, procedente de Saltillo, quien había resultado gravemente herida por los golpes que recibió -vía tortura- para que declarara en torno a los hechos de que se les acusaba.
La tensión se prolongó en tierra durante 4 horas, porque además exigieron el reabastecimiento de combustible para llegar a La Habana, Cuba. Finalmente, el avión dejó territorio mexicano, dejándole un importante hecho para la memoria de la dignidad del Pueblo de México, que en ese entonces no fue una estrategia para salvar vidas de momento para actuar después, sino una total y absoluta sumisión.
Cabe destacar que ese vuelo fue secuestrado previo estudio de quienes viajarían en él, entre ellos iban los hijos del gobernador del Estado de Nuevo León y diplomáticos estadounidenses. Ante la dimensión del problema, al gobierno no le quedó de otra que acceder a su petición y una vez habiéndoles entregado el dinero y las armas, permitieron liberar a mujeres y niños, a excepción de la hija del gobernador. La nave volvió a despegar, pero obligando a los pilotos a dirigirse hacia La Habana, Cuba.
Al llegar a la isla, Fidel Castro le dio asilo político a la “liga comunista” y hasta el día siguiente el avión regresó a la Ciudad de México con la tripulación y los pasajeros sanos y salvos.
Pasaron varios meses y México recuperó el dinero y las armas, situación que para mí no dejó de ser un acto de humillación para la seguridad del país, ya que además, tuvo que liberar a los presos que tenía encarcelados.
La vergüenza del gobierno fue infinita, llegó al paroxismo, la hazaña de la cual se “esponjaron” se vino abajo ante los ojos de la opinión pública nacional e internacional, el secuestro se reivindicó por un comando guerrillero de la “liga comunista armada”, no por estrategia para salvar vidas, sino como rendición.
Hay que reconocer que los secuestradores, con una capacidad intrépida, mostraron una gran capacidad y disciplina comunista sobre el gobierno, amor y respeto por sus compañeros, al saber que estaban en manos torturadoras y asesinas.
El origen de todo esto tuvo lugar porque un día antes de los sucesos, el 7 de noviembre de 1972, la entonces “Dirección Federal de Seguridad” y el Ejército, atacaron una “casa de seguridad” de dicha “liga comunista”, llevando a instalaciones militares a quienes ahí se encontraban, sometiéndolos a interrogatorios a base de torturas, ya que se les relacionaba con varios asaltos bancarios y ataques contra las fuerzas del orden.
Sería interesante que uno de nuestros productores de cine, buenos por cierto, hicieran una película basada en hechos reales, como la de este caso, así como sucedió con la titulada “Los sobrevivientes de Los Andes”, que relata la forma de cómo -valga la redundancia- sobrevivieron los pasajeros de un avión uruguayo a un accidente aéreo sucedido también en 1972 en la Cordillera de Los Andes.
Bueno apreciables lectores, espero que estén bien y si el Creador me lo permite, tendré el gusto de dirigirme a ustedes la próxima semana.



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